sábado, 17 de julio de 2010

Pequeños grandes obsequios


Cuentan que una vez un hombre caminaba por la playa en una noche de luna llena y hundido en sus pensamientos repetía para si mismo:

"Si tuviera una casa grande, sería feliz". 
"Si tuviera un excelente trabajo, sería feliz". 
"Si tuviera muchas joyas, sería feliz". 
"Si tuviera una hacienda con mucho ganado sería feliz "...


En ese momento tropezo con una bolsita llena de piedras a las que no dio mayor importancia y empezó a tirar una por una al mar cada vez que decia:
 "Sería feliz si tuviera ..."

Así lo hizo hasta que quedaba una piedrita en la bolsa, la cual decidió guardar, solo por un pálpito. Al llegar a su casa se dio cuenta de que aquella piedrita era un diamante muy valioso y de todas las cosas que podía haber hecho si no las hubiese tirado al mar.

Cuantos de nosotros pasamos arrojando nuestros preciosos tesoros por estar soñando con cosas lujosas.

Cada uno de nuestros días es un diamante precioso, valioso e irremplazable. Depende de ti aprovecharlo o lanzarlo al mar del olvido para nunca más poder recuperarlo. Mira a tu alrededor con cuidado para que, con descuido, no tires cosas valiosas porque parezcan insignificantes o porque estás buscando cosas que no son para ti.

Ser feliz es más sencillo de lo que crees, solamente disfruta de los pequeños GRANDES obsequios que el Señor tiene cada día para ti.

2 comentarios:

Julio Córdoba dijo...

Así es... la felicidad no puede depender de "cuando ocurra esto" o cuando ocurra aquello"...

Vancrof dijo...

^^.